Madre Trinidad:

Enfermedad y fallecimiento de su madre

 

Los inviernos en el pueblo de Monachil son fríos, y el de 1888 fue extremadamente frío, pues en marzo y principios de abril todavía cayeron fuertes heladas que congelaron las fuentes y abrasaron las cosechas. Si hoy en día se preguntáse a las personas mayores en España por grandes nevadas, relatarían lo que a ellos les contaron sus padres y abuelos sobre la nevadona de aquel año, también llamada “la monumental” o “de los tres ochos”. Fue tan memorable, que en lugares como el Puerto de Pajáres en la Cordillera Cantábrica, sucedió un terrible suceso a causa de una gran avalancha que causo numerables fallecidos.

Monachil nevado

Un día de ese año, Madre Trinidad siendo niña (Mercedes), salió acompañada de otra pequeña a jugar como lo harían otros cualquiera; tirarse bolas, hacer muñecos…pero lo que más llamó su atención fueron los carámbanos formados por el temporal en una cascada. Aquellas extrañas figuras fueron como un imán para Mercedes, que no tardó en coger uno y chuparlo como si de un helado de chocolate se tratase. La consecuencia lógica de aquél juego, fue un enfriamiento que terminó en una fuerte pulmonía. Su estado pronto llegó a ser crítico y aún más en aquellos tiempos en que las medicinas que había para atajar esta enfermedad eran poco apropiadas.

El médico no tenía buenas noticias, posiblemente Mercedes fallecería de un momento a otro, pero su familia como no podía ser de otra forma se refugió en la fe, y pidieron a Dios la curación por intercesión de San José y la Sagrada Familia. El padre Antolín Hitos, primo de Mercedes, viendo que el desenlace era próximo, preparó a la niña para la muerte hablándole del cielo, de la felicidad de los santos y del encuentro con la Virgen. Merceditas que llevaba unos días con la fiebre muy alta, durmiendo y sin hablar, dijo que la Virgen había venido a curarla y se había marchado, preguntando a sus familiares si la habían visto pasar. Creyendo que deliraba, su primo comprobó con el termómetro que la fiebre había bajado, y en pocos días se recuperó completamente de su enfermedad. Desde este hecho en Mercedes brotó un mayor amor a la Virgen y al Niño de sus brazos; se sintió protegida de la Madre de Dios, y en adelante acudía a ella a buscar protección en los diversos y difíciles momentos de su vida

FALLECIMIENTO DE LA MADRE

¡Qué trágico fue aquél 1888!, Filomena, la madre, daba a luz nuevamente un 9 de junio, entregando un mes y un día después su alma al Señor, concretamente el 10 de julio a las 11 horas por una enfermedad de pulmonía. Con tan solo 36 años de edad aceptó la muerte con mucha paz de espíritu. Fue el fruto maduro de una vida de mucha fe, vivida con gran esperanza de eternidad con Dios y practicada con mucho amor. Fue tan devotísima de la Santísima Trinidad y de la Sagrada Familia que les encomendaba sus hijos pidiéndole al Señor se salvaran todos.

La tarde del día que recibió los últimos sacramentos y víspera de la muertes, reunió a sus hijos en torno a su lecho de muerte para despedirse de ellos, y mirando a un cuadro de la Virgen de los Dolores que tenía en su dormitorio junto a la cama exclamó: «¡Madre mía, como tú, muero con siete espadas de dolor dejando estos siete hijos pequeñitos, os los ofrezco, madre mía, cuidad vos de ellos, especialmente sed vos la madre de mis dos niñas, que no se manchen sus almas con el pecado, a vos las confío.»

Después dirigiéndose a los cuatro mayores, ya que los tres menores no estaban en edad de comprender, les dio los últimos consejos y les recomendó recurriesen siempre a la Virgen a implorar ayuda; a las dos niñas, señalándoles el cuadro de la Virgen les dijo: «No os dejo huérfanas, ahí tenéis la que desde hoy cuidará de vosotras y será vuestra madre.»

Fotografía de Doña Filomena

Mirando a Mercedes que contaba con tan solo nueve años de edad le dijo: «tú, hija mía, al lado de la abuelita siempre, sé siempre muy buena y cuida de tus hermanos pequeños para que papá no os ponga madrastra.»

Mercedes recordará siempre a su madre como una santa que la educó para Dios y se sentirá responsable de esa educación y de seguir sus consejos. Desde entonces, a la Virgen la tuvo por única madre y siempre se sintió protegida de su maternidad.

La muerte de la mamá para Mercedes fue un momento clave en su vida. La sintió como una prueba de Dios que vino muy unida a la enfermedad que poco antes ella había sufrido.

De inmediato luchó para ponerse al frente de la casa, atender a su padre y cuidar a sus hermanos, pero, ¿Dónde iba a ir con tanto peso a sus nueve años? Más tarde, viendo la mano de Dios en los acontecimientos de su vida, dará gracias al Señor y a la Virgen Madre porque la liberó de esta carga y se pudo entregar total y exclusivamente al amor de su amado Jesús sacramentado. Y en el futuro, y siempre en su equipaje de viaje irá una imagen de la Virgen de los Dolores o Piedad, a la que le rezaba, pedía, contaba sus penas y agradecía sus favores; un diálogo continuo que no se interrumpía ni en los momentos más íntimos que pasaba con Jesús adorándole, pues al estar con ÉL se sentía unida a la Madre y con ella se ofrecía a Jesús Hostia.

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